Caminos de la muerte

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noviembre 28th, 2014
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Un camino de asfalto entre ciudades bolivianas no es un estándar. Hoy en día se construyen muchas carreteras lisas, pero todavía para legar a muchos sitios se tiene que tomar un camino de gravilla. Como el país además es muy montañoso, es fácil encontrarse en unas carreteras espectaculares que rodean las laderas en declive, de las que por un movimiento falso del volante se puede deslizarse al abismo.

Uno de estos caminos que por la cantidad récord de los accidentes mortales ha ganado la mayor fama, es una ruta que une La Paz con la región tropical Yungas. Cuenta con unos 80 km y por muchos años era el único camino entre las regiones mencionadas. Por eso iban por él no solo coches particulares, sino también camiones y autobuses, aunque en unos momentos su ancho no sobra 3 metros y del abismo no le separa ninguna barrandilla. En efecto el número medio de las víctimas mortales era 96 personas al año.

A últimos de años 90 han construido un camino alternatico, más seguro y camino de la muerte se convirtió en una atracción turística. Muchas epresas ofrecen organización del paso en las bicicletas, equipando al voluntario de una bici de montañas, un casco, rodilleras y una escafandra impermeable. A pesar de todo el camino no está cerrado para los coches, entonces los valientes siguen con la oportunidad de ir de La Paz a Coroico por el camino de la muerte.

El tema de la muerte nos estaba acompañando no solo en el camino, como a Coroico hemos llegado el primer de noviembre, cuando se celebra el Día de los muertos. Aquí la tradición católica después de la fusión con las creencias indígenas, parece muy distinta de la en Europa.

El primer día de noviembre las almas de los difuntos bajan a la tierra para pasar 24 horas con sus familias y amigos, a la vez trayendo la fertilidad. Es noviembre cuando empieza lam época de siembra en el Altiplano. A las 12 las almas bajan por la escalera formada de pan, que decora los altares en las tumbas, preparados especialmente para esta ocasión. Aparte de las escaleras en los altares aparecen flores, dulces, bebidas y el plato favorito del fallecido. Además no puede faltar tantawawa tradicional, un bizcocho con forma de hmano y un rostro colorido modelado en estuco, que simboliza al muerto.

El recibo de las almas en el cementerio es una fiesta alegre con acompaniamento de música, con el murmullo de los rezos dirigidoas también a los desconocidos, por los que familia del fallecido ofrecen un trago o un dulce. El cementerio y sus alrededores se convierten en una feria resonante, en la que la diversión con mucho alcohol dura hasta la madrugada.

El autor de la foto no. 3 con uno de nosotros en acción es Szymon Kochański – www.mywayaround.com

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