Yona / Cole Cole

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octubre 16th, 2015
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No es muy fácil llegar a una de las playas más preciosas de Chile. Se alcanza el fin más al sur de la Ruta 5, que empieza su hilo en Alasca, para llegar con un crucero hasta la isla Chiloé. Desde allí se va por la costa poco habitada del oeste hasta el pueblo Cucao, de donde sale un camino, por varias playas y una costa rocosa, hasta Cole Cole. Con una dosis de suerte se puede ahorrar un poco de tiempo y fuerzas, haciendo autostop en la playa. Como no hay ninguna carretera por aquí, es por donde van los buscadores de algas y los pescadores con sus pick’ups.

Cuando se alcanza el destino, se abre una vista maravillosa a una playa escondida entre una rocas grandes, rodeada por un bosque denso, por el que pasa lentamente un arroyo. Entre los árboles figura una casita de madera, en la que pueden dormir sin pagar los viajeros. Es donde conocimos a Yona, una Francesa, que había llegado a la isla con su amiga de Chile y su amigo que había venido de Francia de visita.

¿Por qué has dejado Francia para venir a Chile?

En ese momento tenía una vida super cómoda, vivía en Lille trabajando en algo que me gustaba mucho, alrededor tenía amigos. Pero en un momento pensé que era una comodiad demasiado cómoda. Sentí una necesidad de encontrar otra manera de vivir y más que todo encontrar otra cultura. Siempre me parecía que en Europa o en Francia, porque es el país que conozco mejor, tenemos los caminos muy rectos, siempre hay cosas programadas. Siempre sabía que este mes iba a trabajar, que en vacaciones iba a hacer algun proyecto en un lugar concreto y luego volver a trabajar para juntar plata de nuevo para salir un día otra vez.

Además participé en ese tiempo en un seminario de payasos, dónde tenía que abrirme totalmente, ”desnudarme” y con este hecho salir de la caja de normas de vida diaria. Era para mí una experiencia muy fuerte en la que me gustó mucho el hecho de buscar a mí misma pura por pasar unos límites, a los que nos acostumbramos durante toda la vida. Había que decidirse para una humildad muy fuerte.

En ese momente pensé: voy al campo a pensar. Empecé a escribir un proyecto para salir al extranjero y optar a una ayuda económica, porque no tenía nada de plata para irme. El proyecto funcionó, recibí una subvención de un año que era menos que un sueldo, pero lograba vivir con ese dinero y fui a Bretania para trabajar con una compañía de teatro. De ahí me mandaron a Concepción en Chile para trabajar en un centro cultural. Así vine a America, sin hablar chileno… Por necesidad e inmersión, sin embargo, se aprende super rápido. Vivía con Chilenos, trabajaba también con gente de aquí, tenía que escribir proyectos en español, ir a reuniones, pues aprendí rapidamente.

¿Y qué tipo de trabajo era?

En el principio fue entender el funcionamiento del centro cultural, porque es muy distinto de la idea que tenía yo de un centro cultural en Francia. Trabajaba como apoyo en organización de varias actividades y rapidamente empecé a hacer talleres. El primer fue para los niños acerca del vínculo del cuerpo e instrumento, que pasaba por todo, la postura, el ritmo, la relajación cuando tocas un instrumento, también la emoción, cómo entra en la melodía. Cuando se terminó tiempo de mi trabajo en el centro, me quedé con este taller.

¿Te parece que viviendo aquí te liberaste de la vida que tenías en Europa?

Sí, primero cambié mucho la manera de ver las cosas. He salido de le comodidad que tienes siempre, de tener un oficio fijo y sueldo más o menos bueno. Tampoco tenía vida super plana en Francia, pero salí para llegar a hacer solo las cosas que quiero y no cosas que necesitas hacer por la presión social… En Francia sentía también una presión familiar. Por ejemplo para mí Navidad no tiene valor, como no soy católica, pero en casa tenía que celebrarla, no sé porque. Normalmente simplemente tienes que estar allí para la Navidad. Estoy feliz de juntarme con gente y hacer una comida bacán, pero la verdad es que no tiene más para mí. Aquí ya son dos Navidades que pasé de manera distinta.

En Concepción he hecho muy buenos amigos, amigos de vida, me siento como si tuviera familia por aquí también. Pero cuando me fui de la ciudad, no he sentido esta presión que me dio mi familia en Francia de extrañarme, de decir: bueno, ahora quizás es tiempo para volver… Creo que el amor lo puedes llevar también a la distancia. No paro de querer mi familia, solamente necesito estar aquí ahora. Quizás un día vuelvo, pero sin decir que vuelvo para siempre.

¿Cómo pasaste la Navidad en Chile?

La primera la pasé en una comunidad Mapuche, ellos tampoco celebran la Navidad, pero igual hicimos una fogata con comida rica… Fue primera vez que conocí a los Mapuches y lo disfruté muchísimo. Tenía la impresión de aprender la vida de nuevo, porque viven de manera muy autónoma. Buscan agua, comida, hasta la harina la hacen ellos mismos, cultivan trigo, lo muelen y hacen su harina. En una vida en el campo aprendes tomar más tiempo para hacer las cosas. Hacer una comida no es solo sacar los productos de tu refri, cortar y cocinar. Muchos gestos cotidianos se olvidan por las facilidades que tienes en la ciudad.

¿Es fácil conocer a unos Mapuches?

Eso depende del lugar, pero no es fácil entrar en una comunidad. En Concepción empecé a practicar Capoeira y en los encuentros conocí a gente bacán y entre ellos había un chico Mapuche. El me propuso ir de vacaciones con él a la comunidad. Normalmente para entrar tienes que tener una invitación. Es comprensible que quieren evitar ser observados por los turistas en plan paparazzi.

Durante mi visita era muy bonito que de repente con gente que está muy alejada y vive de manera muy distinta me junté por idea de manera muy natural. Eso es super rico.

En Concepción vivía en un barrio que produjo la resistencia más fuerte contra la dictadura de Pinochet, se llama Agüita de la Perdiz. Concepción es unca ciudad con colinas y se extiende sobre todo abajo en la costa, pero ese barrio está en la altura ya y se halla un poco entre la ciudad y campo. Después de la dictadura se quedó una cercanía comunitaria muy especial entre la gente, saludas a todos y sales de la individualidad que muchas veces encuentras en la ciudad. Allí encontré a unas personas que viven en el barrio desde hace 50 años ya y hablaba con ellos sobre los cambios que ven en Chile, era muy fuerte. Por eso también siempre digo que estoy viajando, aunque me quedé en un lugar fijo y me movía cuando tenía un poco de tiempo. Fui al norte de Chile, a Patagania, pero para mí quedarme tanto tiempo en Concepción fue también un viaje, porque encontré a gente que me enseñó muchísimas cosas.

¿Qué actitud tienen los Mapuches hacia otros Chilenos mestizos, con origen europea?

Ese problema es muy complejo, porque hay unos que si que tienen toda familia con sangre Mapuche, pero algunos tienen una parte de familia española o alemán… Pues creo que más que ser Mapuche de sangre es una decisión que en un momento la tomas tú, como Mapuche significa “gente de la tierra”. Después dentro de los Mapuches tienes distintos grupos, de los cuales unos tendrán actidud distinta que otros. La comunidad de la que ha contado era bien abierta.

Ese chico que nos albergó, que era amigo de mi amigo, tenía padre con raíces europeos y mamá Mapuche. El vivía varios años en la ciudad, pero en un momento decidió mudarse al campo y de esta manera vivir su cultura Mapuche. Por otro lado sé que es difícil para los Mapuches aceptar algunos gestos que hicieron los Chilenos, sí que hay bastante rabia. A mí me da mucho de pensar, porque su situación es un reflejo de la situación en Francia con los Bretones, nosotros somos los Mapuches de Francia, sin que sea un nacionalismo. Hay unos que simplemente quieren su espacio para vivir, para cultivar su rollo y otros quieren una lucha, quizás más violenta.

Parece que te sientes bien con tu decisión de venir aquí, ¿pero no hechas de menos a todo lo que has dejado en Francia? ¿Has dicho que quizás un día volverás?

La verdad es que no sé, no quiero planificar, pero quizás tengo que volver a Francia para ver si quiero quedarme en Chile o si quiero volver de verdad a Francia. Una de las cosas más fuertes que aprendí aquí es que del caso de mirar con los ojos y planificar pasé a un registro mucho más de sentir adentro de mí, sentir que quiero de verdad. Esto introduce un cambio fuerte en tus actos, en tus decisiones y manejo de la vida. No miro ahora como estoy, lo siento. Ha cambiado mucho mi percepción de vida. Para mí este viaje, o tiempo fuera de Francia, es super rico, porque estoy haciendo una vuelta grande. Un día cuando hablé con un amigo que tiene casi 60 años y dije que me iba a viajar, me contestó: sí, tú te vas a perder en un lugar para encontrarte de nuevo. Y yo creo que esto es el viaje. Esto es también el camino que hice y la verdad es que desde cuando estoy en Chile, las cosas se han hecho solas. Terminando este financamiento que tenía del centro cultural, no sabía todavía que iba a hacer, pero no quería planificarlo. Dos meses antes de terminar oí que había una formación de denza en Conce, intenté solicitar una plaza y pensé que si me guardaran me quedaría en Conce y si no quizás sería el tiempo para irme a viajar. Finalmente me quedé en la formación hasta diciembre. Al final de la formación no sabía que iba a hacer tampoco, solo sabía que quería quedarme en el continente. Alguién me habló de una residencia artistica, solicité una plaza pensando que si me gueradaran – muy bién – si no, significaría que debo hacer otra cosa. En marzo voy a empezar esa residencia. Todo sin esta presión que me parece que se pone constantemente en Europa. Me parece que las cosas llegan a mí. Bueno, lo busco un poco, pero sin tensión. Es algo bien liberador y algo que no me permitía en Francia.

¿Y qué te da fuerza para seguir con tus actividades, has encontrado unas motivaciones nuevas? Es que muchas veces la visión del futuro nos anima a la acción.

Creo que antes siempre necesitaba un plan para después. Ahora lo entiendo como una ansiedad, que necesitas llenar el tiempo, futuro, porque no te dejas la posibilidad del vacío. Y creo que ahora mi nuevo manejo de vida es aceptar este vacío, aceptar que pueda llegar sin que tenga que ser malo, porque el vacío es bueno también. También es mejor no pensar tanto las cosas y dejar parecer como parecen, sin especiales esperanzas, sin decir quiero esto. Ahora quiero solamente seguir así y ver que ocurre. Y trabajar con lo que llega a mí. Si siempre planificas las cosas, tengo la impresión, que no llegan. Estás esperando algo que tenga una forma especial. Pero si no piensas en la forma, te pueden sorprender situaciones con forma no esperada. Y allí empiezas a abrir mente, cuerpo, sentidos, así creo. Aquí estoy con el pensamiento, que va en su espiral, se va y hace vueltas… Seguramente desde que llegué aquí, me siento mucho más lígera. También tengo esta comodidad de que si quiero arriendar un piso, lo arriendo, pero puedo estar sin casa también, si necesito plata, la hago con los talleres, vendiendo pan en la calle, haciendo costura. Es hacer justo la plata que necesitas para el momento. Me gusta volver a ver el valor esencial de las cosas, sin que sea un regreso en los tiempos antiguos, vivo con un celular, me conecto con internet.

Mirá estamos aquí, es un lugar preciosísimo, hay un montón de tábanos (risa), pero que bacán! Nos conocimos hace unas horas, pero ya con una cercanía estamos hablando de cosas importantes para nosotros.

Es precioso este momento!

 

 

 

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